Ruta 7

De Tréveris a Maulbronn

Nuestra séptima ruta concentra en un área muy reducida una gran cantidad de sitios incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de épocas históricas muy diferentes. En el suroeste de Alemania podemos admirar el legado de los antiguos romanos, los monjes del Medioevo y los trabajadores del acero de la Era Industrial.

Comenzamos nuestro viaje en Tréveris, una de las ciudades más antiguas de Alemania. Fundada por el emperador Augusto a orillas del río Mosela en torno al año 16 a. C., la pequeña ciudad se convertiría en capital del Imperio Romano de Occidente en el siglo IV. Con monumentos como las Termas imperiales, el Anfiteatro o la conocida Porta Nigra, Tréveris ofrece una visión extraordinaria del legado romano en Alemania. Tanto las ruinas romanas como la Catedral de San Pedro y la colindante Iglesia de Nuestra Señora fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1986. Construida hace 1.700 años, la catedral es la iglesia más antigua de Alemania, por lo que no sorprende descubrir en sus muros todos los estilos arquitectónicos de la historia del arte europeo.

Situado algo más al sur, nuestro siguiente objetivo es un monumento de la historia de la tecnología y de la cultura industrial: la antigua fábrica siderúrgica de Völklingen. Los altos hornos, la coquería, el sistema de raíles suspendidos y la sala de ventiladores de gas se elevan al cielo como dinosaurios oxidados por el paso del tiempo. En el siglo pasado, miles de operarios trabajaron junto a los incandescentes hornos. Hoy, los visitantes de este complejo industrial fundado en 1873 asisten a conciertos y exposiciones de arte y tecnología. La fábrica siderúrgica de Völklingen fue declarada sitio del Patrimonio de la Humanidad en 1994, pasando a ser el primer monumento industrial moderno de Alemania. La integridad y el excelente estado de conservación de las instalaciones la convierten en un sitio único en Europa Occidental.

Desplazándonos 160 kilómetros al oeste llegamos a la Abadía de Lorsch, fundada en el siglo VIII. Lo que en su origen era un pequeño monasterio se convirtió en una privilegiada abadía en el siglo IX. Recibió la visita de numerosos soberanos e incluso fue lugar de sepultura de varios reyes medievales germanos. Un pórtico de estilo prerrománico vistosamente decorado, el llamado “Pórtico del Rey”, es el único edificio que salió ileso de un devastador incendio acaecido en el año 1090. Fue construido probablemente a finales del siglo IX y es uno de los pocos monumentos que se conservan del período de reinado de los carolingios. Desde 1991 engrosa la lista del Patrimonio Mundial junto con los restos arqueológicos de la Abadía de Lorsch.

La imponente Catedral de Espira nos espera un poco más al sur. Esta catedral imperial es la mayor iglesia románica conservada de Europa. Fue levantada bajo el reinado de la dinastía salia, a la que pertenecieron varios emperadores germanos a partir de 1027. Diversas guerras reducirían el edifico a cenizas a partir del siglo XVII, por lo que tuvo que ser reconstruido en múltiples ocasiones. La catedral refleja así también los 200 años de historia de la conservación del patrimonio en Alemania. En 1981, la Catedral de Espira se convirtió en el segundo monumento declarado Patrimonio Mundial en Alemania.

La última estación de nuestra ruta es el Monasterio de Maulbronn. La antigua abadía de la Orden del Císter fue añadida a la lista del Patrimonio Mundial en 1993. Numerosas reconstrucciones de conjuntos monásticos europeos se han basado en Maulbronn, ya que es el monasterio medieval mejor preservado al norte de los Alpes. Sus edificios ofrecen una enorme variedad de estilos arquitectónicos: desde la austeridad de la antigua iglesia de estilo románico tardío hasta la rica decoración del comedor de estilo gótico temprano.