Ocho preguntas a…

Dorothea Redeker, presidenta del Consejo del Patrimonio Mundial de Lorsch

En una visita a la Abadía de Lorsch, ¿qué no debería perderme?

La joya de la antigua Abadía de Lorsch es el pórtico, conocido por muchos como el “Pórtico del Rey”. Es una de las pocas obras conservadas de la arquitectura carolingia. Su peculiar decoración a base de areniscas rojas y blancas y su triple portal le confieren un aspecto sumamente especial. No hay que perderse de ningún modo alguna de las visitas guiadas, que aportan mucha información acerca la historia del pórtico y de los secretos que el edificio solo comparte con los iniciados. Aún no se sabe con seguridad si esta construcción fue utilizada con fines religiosos, como tribunal o como biblioteca. Probablemente, las nuevas investigaciones científicas tampoco podrán dar una respuesta definitiva a esta cuestión.

¿Qué le gusta más del lugar?

Lo que más me atrae son las numerosas preguntas no resueltas sobre Lorsch. Aunque no ha quedado mucho de la antigua abadía de benedictinos, expertos de diferentes disciplinas (como arquitectura, historia, arte, geología o geografía) colaboran para intentar arrojar algo de luz sobre el pasado de este lugar. Para mí, es muy emocionante vivir de cerca cómo los investigadores arrojan por la borda teorías consolidadas sobre la ubicación, el diseño o el uso de los edificios, para dar paso a explicaciones más plausibles. Esto hace que la historia del monasterio se mantenga viva. A partir de 2014 recreamos la supuesta edificación original del complejo monástico mediante elementos de diseño paisajístico. De esta manera tenemos una nueva perspectiva de las dimensiones del recinto y sus fundamentos arquitectónicos. Además, se reconstruirá una casa señorial de la Alta Edad Media de nombre “Lauresham” como laboratorio al aire libre en el que podremos conocer la vida diaria de nuestros antepasados.

¿Tiene alguna recomendación especial?

El antiguo Monasterio de Altenmünster también pertenece al Patrimonio de la Humanidad de Lorsch. Está situado aproximadamente un kilómetro al este del recinto monástico. En este tranquilo lugar situado junto al río Weschnitz, uno puede imaginarse bien lo solitaria que debía de ser la vida en la Abadía de Lorsch antes de su época de esplendor y su traslado a una duna para su protección contra las inundaciones.

¿Qué la impresionó en su primera visita?

A nivel arquitectónico, Lorsch es un sitio del Patrimonio Mundial bastante modesto. Cuando lo visité por primera vez en 1986, era difícil imaginarse la extraordinaria historia de este lugar, por lo que quedé bastante desencantada.

¿En qué estación del año es más bonito este lugar?

A mí me gusta mucho la primavera por los maravillosos paisajes que se ven desde el recinto de la abadía.

¿Qué más debería ver aquí?

El centro museístico de Lorsch no solo alberga una informativa exposición sobre la historia de la abadía, sino también un interesante museo del tabaco. También vale la pena visitar el antiguo ayuntamiento de Lorsch.

El recorrido abre el apetito. ¿Qué especialidad regional debería probar?

Una especialidad regional es el Welschbrot, un pan de maíz que preparan los panaderos del lugar en otoño.

¿Qué otro sitio del Patrimonio de la Humanidad le gustaría visitar?

En Alemania me gustaría conocer alguna vez el Reino de los jardines de Dessau-Wörlitz. Asimismo, también siento curiosidad por el centro histórico de Cracovia, en Polonia.

Dorothea Redeker

procede de la región de Renania. En 1986 se mudó a Lorsch con su familia tras acabar sus estudios en Bonn.

Redeker trabaja desde hace años en diferentes puestos del sector editorial y audiovisual. En agosto de 2011 se convirtió en la primera presidenta del Consejo del Patrimonio Mundial de Lorsch.