Ocho preguntas a…

Kristin Knebel, historiadora de arte

En una visita a Weimar, ¿qué no debería perderme?

Weimar es rica en lugares que se hallan en la lista del Patrimonio Mundial. De ninguna manera hay que perderse la Casa de Goethe, la Biblioteca Duquesa Ana Amalia, con la sala rococó; el Palacio de la Ciudad de Weimar y el Parque sobre el Ilm, con la Casa de Jardín de Goethe y la Casa Romana.

¿Qué le gusta más del lugar?

La combinación de la Weimar Clásica con la modernidad temprana posee un muy atractivo encanto. En Weimar es posible sumergirse profundamente en el mundo de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, pero también investigar la modernidad temprana, con el filósofo Friedrich Nietzsche, el compositor Franz Liszt, el arquitecto Henry van de Velde y la Bauhaus. El campo de concentración de Buchenwald y el “Gauforum” construido por los nazis en el norte de la ciudad no son parte del Patrimonio Mundial, pero también pertenecen a Weimar. Allí están muy presentes los lados oscuros de la historia alemana y también políticas culturales del pasado.

¿Tiene alguna recomendación especial?

Mi recomendación especial es el Palacio de la Ciudad. El palacio se ve por fuera como una sobria caja. Pero observándolo bien se constata que es una verdadera joya y sobre todo un lugar que aún irradia mucha autenticidad. Los momentos arquitectónicos culminantes son particularmente los salones de fiesta clasicistas terminados poco después de 1800, con la grandiosa escalinata de Gentzschen, y la Sala de Fiestas. La fundación Klassik Stiftung muestra en el palacio una parte de sus polifacéticas colecciones, desde Durero, pasando por Cranach y Caspar David Friedrich, hasta Monet, Rodin y Beckmann. ¡Vale la pena! Pero también hay que dedicar algo de tiempo al palacio mismo.

¿Qué la impresionó en su primera visita?

Ya de niña visité la Casa de Goethe y los parques y jardines en Weimar y alrededores. Hasta hoy me impresionan las habitaciones de Goethe. En su casa en Frauenplan es posible aproximarse mucho a Goethe, porque gran parte de su legado aún existe y algo de ello puede verse allí. Particularmente el cuarto de trabajo de Goethe me emociona una y otra vez. Allí se ve exactamente qué había en cada lugar y qué documentos y recuerdos se hallaban en los cajones. Directamente al lado se halla la biblioteca privada de Goethe. De esa forma se obtiene una buena impresión de la atmósfera de trabajo en su casa.

¿En qué estación del año es más bonito este lugar?

La primavera y el verano, pero también los comienzos del otoño son particularmente hermosos en Weimar. Los parques, que rodean la ciudad como una cinta verde, ofrecen una gran variedad de plantas. Entre ellos se cuentan el Parque sobre el Ilm, el Parque Tierfurt y sobre todo el Parque Belveder. Esos parques son complementados por los jardines íntimos de la Casa de Jardín de Goethe y de la Casa de Goethe. Por doquier se encuentran lugares donde recogerse, ya sea en medio de viejos árboles o en las numerosas construcciones en los parques o junto a las fuentes. Pero tampoco el invierno puede despreciarse. En esa estación hay más tranquilidad en las casas de los poetas. Y es posible concentrarse en las colecciones en el Palacio o en el Museo de la Bauhaus.

¿Qué más debería ver aquí?

Muy recomendable es el Museo Bauhaus en la plaza Theaterplatz. Si bien no es grande, igual se obtiene una vívida impresión de la historia de la Bauhaus y sobre todo pueden verse obras de sus maestros y alumnos. La fundación Klassik Stiftung construirá en los próximos años un nuevo museo para la Bauhaus.

El recorrido abre el apetito. ¿Qué especialidad regional debería probar?

Especialidades muy típicas son la “salchicha de Turingia”, que realmente solo sabe tan bien aquí, y platos de carne con albóndigas de Turingia. Particularmente en verano puede uno puede disfrutar de la ciudad sentándose en uno de los numerosos cafés.

¿Qué otro sitio del Patrimonio de la Humanidad le gustaría visitar?

Es difícil decidirse por uno. Pronto seguramente viajaré a Italia para visitar las necrópolis etruscas en la provincia de Lazio, cerca de Roma. Particularmente Tarquinia me atrae desde hace tiempo. Pero en mis planes también se halla la antigua ciudad de Herculano, sobre el Golfo de Nápoles.

Kristin Knebel

conoce el sitio del Patrimonio Mundial Weimar desde su niñez.

En la ciudad de los clásicos y de la Bauhaus creció y pasó también gran parte de su vida profesional. En la cercana Jena estudió historia del arte y teología. Desde 2009 es asesora técnica personal del director general de los museos de la fundación Klassik Stiftung Weimar.