Ocho preguntas a…

Jutta Fischer, alcaldesa de Eisleben

En una visita a Eisleben, ¿qué no debería perderme?

No puede dejar de visitarse la ruta de Lutero, que desde 2010 une a los dos sitios Patrimonio de la Humanidad que hay aquí. El camino comienza en la Casa de Lutero y lleva hasta la casa donde murió el Reformador. Pasa también por la iglesia de San Andrés, donde está el púlpito desde el cual Lutero pronunció su último sermón, días antes de morir.

¿Qué le gusta más del lugar?

Me fascina la historia de esta ciudad, que se remonta más de un milenio. Antes de 1990 quedó a merced del abandono y el deterioro. Sólo en 1983, en el quinto centenario del nacimiento de Lutero, Eisleben cobró algo de color. Pero en realidad comenzó a retomar aire a partir de la reunificación de Alemania. Intensas medidas de restauración han borrado las huellas de los daños. Hoy el casco viejo de la ciudad brilla con nuevo esplendor.

¿Tiene alguna recomendación especial?

Sugiero visitar las celdas de los monjes en el Claustro de Santa Ana. Se supone que datan de 1516. No es improbable, por ello, que hayan albergado incluso al propio Martín Lutero. Desde abril de 2012 puede visitarse también la iglesia donde Lutero fue bautizado. Ahí hay aún partes originales de la pila bautismal donde el reformador recibió el bautizo, el 11 de noviembre de 1483.

¿Qué la impresionó en su primera visita?

Conozco esta ciudad desde mi infancia. Hasta hoy me siguen impresionando las escombreras de minas en forma de cono, a las puertas de la ciudad. Éstas tenían un significado muy especial para la industria minera de la región que circunda a Eisleben. Ya en el siglo XIII se extraía esquisto de cobre. Los acumulamientos de escombros se asemejan a pirámides y son para mí, desde mi infancia, símbolos de esta región.

¿En qué estación del año es más bonito este lugar?

En primavera, pero también en otoño. Es entonces cuando el centro de la ciudad se transforma en un mar colorido gracias a sus muchos árboles. En septiembre celebramos una gran fiesta local, el Eisleber Wiesenmarkt. Una tradición desde 1521. Fue ese año cuando Eisleben recibió por primera vez el permiso para instalar un mercado de productos agropecuarios.

¿Qué más debería ver aquí?

El “Milagro de Helfta”. Así llamamos desde 1999 al claustro cisterciense de Santa María en el barrio de Helfta. Tras 450 años de secularización, 10 monjas habitaron de nuevo el recinto y le dieron nueva vida.

El recorrido abre el apetito. ¿Qué especialidad regional debería probar?

La minería marcó durante siglos la vida de esta zona y de Eisleben. La cocina local es por ello relativamente sencilla, pero muy apetitosa. Una especialidad es la sopa que se compone de peras y papas. Su nombre: cielo y tierra.

¿Qué otro sitio del Patrimonio de la Humanidad le gustaría visitar?

Nunca he podido visitar la Catedral de Aquisgrán. Espero lograrlo, y próximamente.

Jutta Fischer

se ocupa desde hace muchos años del desarrollo de su ciudad natal.

Primero fue funcionaria hasta que en 2006 se presentó por primera vez como candidata a un puesto de elección pública. Desde 2009 es alcaldesa de la ciudad.